Teresa Lapayese presenta su primera exposición individual en Zamora
"Mi vocación es extraer la belleza de lo cotidiano"
LA OPINIÓN DE ZAMORA. Viernes 13 de diciembre 2024
Natalia Sánchez
La artista presenta una treintena de interesantes pinturas en la única sala de arte existente en la ciudad, la galería Espacio 36-Ángel Almeida.
Su nombre es la denominación de su primera exposición individual en Zamora
Desde que terminé la facultad en 1998, he realizado muchas exposiciones en Madrid ya que vivo en esta ciudad y luego he llevado mi obra a otras Galerías de Arte en León, Barcelona, Oviedo, Cádiz… He ido moviéndome un poco por España, y esta es mi primera exposición individual en Zamora
¿Siempre ha trabajado la temática del bodegón?
No. Cuando terminé la facultad me concedieron una beca de paisaje en Ayllón. Estuve dos años trabajando esta temática en Cuenca, Santillana del Mar, San Vicente de la Barquera… Recorría España y me inspiraba en las arquitecturas, rincones urbanos y vistas locales para recrearlos en los lienzos. Luego, fui introduciendo el bodegón en mi obra y ahora trabajo más las naturalezas muertas
¿Qué le mueve a pintarlo en el momento actual?
Primero de todo, la elección de los objetos. En el rastro, en un anticuario, en las tiendas… Hay cacharros que me llaman la atención, los compro, los almaceno en el estudio y llega un día que me digo que toca hacer composiciones. Entonces, los voy eligiendo, colocando en una mesa.
El reflejo resulta fundamental en sus creaciones plásticas.
Pinto una realidad reflejada porque me permite observar la transformación que ocurre cuando se duplica la realidad sobre una superficie. Esa dualidad es un campo inagotable de investigación. La imagen real me permite trabajar con colores vivos y saturados y en la imagen reflejada, con gamas de grises. Dependiendo de la superficie reflectante, trabajar con una gama de grises menos contrastada como en el cuadro del Amarilys o más contraste como en el cuadro de Membrillos. Esa calma o esa intensidad en las armonías de colores me motiva y es un disfrute en mi proceso de pintar.
Lo reflejado ¿es aquello que usted ve o es fruto de su imaginación?
Yo parto siempre de la realidad y es lo que estoy viendo, ordenado y compuesto según mi criterio. En mi pintura hay una síntesis porque yo no me considero hiperrealista. No me interesa pintar el detalle exacerbado, por ejemplo, de un golpe en la fruta o de la pelusa que tienen los membrillos cuando los coges del árbol.
La luz ilumina y envuelve la composición y hay una intención para que exprese sobre todo volumen, luces y sombras, el claro-oscuro. Mis cuadros representan lo que estoy viendo, pero siempre hay un filtro del equilibrio interior que yo tengo. Mis bodegones son realistas, pero no pongo especial interés en la textura superficial sino en la luz pura que resbala por las superficies y hace más presente la corporeidad de los objetos.
¿Y qué es lo que le interesa a usted?
En primer lugar, despojar la “función útil” de los objetos y frutas que elijo al pintar y cederles la capacidad de expresar una experiencia estética.
En segundo lugar, y como consecuencia de la primera: equilibrio, belleza, orden. Mis objetos están desperdigados en la librería, y cuando me planteo un bodegón, elijo, selecciono, compongo, relaciono figura-fondo, colores y formas, conceptos absolutamente clásicos de lo que ha sido la pintura y el dibujo.
El estudio de mi padre, que era arquitecto, estaba en la calle Alameda junto al Museo del Prado. Yo entraba en el Museo y al contemplar algunas pinturas me fascinaba que a partir de una superficie de dos dimensiones, se consiguiera representar la profundidad y llegaba un momento en que si te abstraías, veías el objeto en tercera dimensión y casi lo podías agarrar.
El origen del cuadro tiene que ser la composición. En sus creaciones si se elimina un elemento, la obra queda coja ¿está muy analizada la composición en cada obra?
Sí, es el principio de todo. El origen del cuadro tiene que ser la composición. Cuando me pongo a componer coloco el plinto, sitúo los membrillos con porcelana e incluso hay hojas que las ato con un hilo y las sujeto con un alfiler a un corcho que tengo detrás para elevarlas, bajarlas o desplazarlas y que esa composición tenga un sentido de equilibrio y orden… Incluso al dibujarlas en el lienzo puedo variar la relación de tamaños para definir mejor lo lleno y lo vacio.
Tras cada cuadro hay una labor intensa de componer.
La labor previa de componer me puede llevar varios días, pero posteriormente pintar el cuadro con la técnica del óleo, me permite hacer variaciones sobre la composición elegida.
Presenta obras con una fuerza cromática y otros cuadros monocromáticos, ¿es lo que está haciendo en estos momentos?
La luz para mí tiene una importancia tremenda. Hay veces que el color me sobra. En esta exposición tengo un membrillo de color sepia y unas adelfas que están también en blanco y negro, donde ya me sobraba el color y se quedaron en representaciones exclusivamente de luz, de claroscuro, de grises, de volumen. Después de la composición en el espacio real, viene la labor propia de representar la composición elegida en un soporte de dos dimensiones. Lo primero de todo es un dibujo, luego hay unos cuadros que los termino con color y otros que se quedan en claroscuro. Aunque no están en esta exposición, he pintado una serie de patios interiores que son monocromáticos en colores en sepia.
¿Qué le diría a alguien para animar a ver su muestra?
Les invito a disfrutar de los cuadros que representan objetos cotidianos, donde se pueden apreciar cualidades ajenas a su vida útil, y descubrirlos como una experiencia estética. Por ejemplo el bodegón que tengo del desayuno: a lo mejor tú desayunas todos los días con esos cacharros sin pensar que de ahí puede salir una obra plástica o artística.
¿Es difícil extraer la belleza de la cotidianidad?
A otra persona es posible, a mí no. Mi vocación ha sido extraer la belleza de lo cotidiano, quitarle la connotación de utilidad y que se perciba como un objeto bello. Una fruta que para otra persona es corriente y útil, yo solamente la veo estéticamente, yo no estoy pensando en comérmela, estoy pensando en ese color, esa forma y en cómo puedo representarla. En una cafetera metálica veo los brillos, en un cacharro con agua veo las transparencias y ahí encuentro belleza. Primero de todo, me tiene que llamar la atención. Tengo una sensibilidad estética innata y cultivada que otras personas no tienen y se la puedo descubrir.
Incluso usted comparte en una de las piezas lo bello que hay en un sencillo repollo.
Efectivamente, por encima de la humildad del repollo, yo me centro en estudiar los nervios, que son en un tono blanquecino, los verdes que van pasando de un verde más azulado a un verde más amarillento, las hojas que se retuercen... Eso es un placer y hay que descubrirlo, hay que dedicar un tiempo para descubrir todos esos matices que te pasan desapercibidos a diario. Yo me dedico a esto desde que me levanto hasta que me acuesto.
Vistas de la Exposición en la galería Espacio 36. J.L.F.


